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martes, 29 de abril de 2014

Los ojos de Farias se abren a la eternidad

Su muerte ha roto el abrir y cerrar de ojos que le caracterizaba. Jurista, catedrático y exdecano de la Facultad de Ciencias de la Información siempre abogó por la defensa de la empresa informativa y de las libertades. El Departamento de Periodismo IV, del que fue director, hoy llora la ausencia del maestro Pedro Farias, que deja una trayectoria marcada por una fuerte vocación.

Tras sus pupilas, que se cerraron definitivamente el pasado 22 de abril, se hacía sentir el calor, la tolerancia y la comprensión de un hombre dispuesto a hallar siempre la solución más justa. Le gustaba hacer suyos los problemas de los demás y demostraba a menudo cierta generosidad ante ellos.
Eso lo saben bien en el Departamento de Periodismo IV, aquel en el que ejerció como director desde abril de 1996 hasta 2002. Ellos no esperaron al momento de su muerte para mostrarle su gratitud, sino que con la publicación del libro homenaje “Reflexiones en torno a la Libertad de Empresa Informativa”, en el que participaron ilustres profesores de más de una veintena de universidades españolas, ya le mostraron su reconocimiento en el momento de su jubilación.
Manuel Sevillano, autor del epílogo del libro, y antiguo compañero de Farias, lo define como un hombre del renacimiento, con grandes conocimientos, y aficionado al debate. Pero sin lugar a dudas, lo que más destacan en el departamento que fue su casa es su fuerte vocación universitaria.
Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales y, además, diplomado en Sociología Política encontró en el periodismo el mayor objeto de su defensa.
Sus publicaciones así lo recalcan. Entre ellas, Sevillano destaca, tanto como por su contenido, como por la defensa de la libertad como pilar básico, el libro titulado “En torno a la libertad de empresa informativa”. Sin embargo no es el único. Otros tomos como Dialéctica moderna y Estado” o “Libertades Públicas e Información” han dejado constancia de la pluma del también humanista y poeta nacido en Vizcaya.
“Ellos, los que han muerto con una cámara en la mano, los que son víctimas del terrorismo, los que padecen persecución por su sinceridad contratada, son tu mejor espejo”, decía Farias en su “Carta a un joven periodista”.
Promovida por él, en 1997, se levantó una escultura en la entrada de la Facultad dedicado a quienes dieron su vida por defender las libertades informativas, monumento que hoy continúa en ese lugar frente a la fachada del emblemático edifico gris.
Si se contempla esta fachada y se abren los ojos se ven pasar de un lado hacia otro a estudiantes del mundo de la información, si se cierran y se puede dar paso a lo más profundo: “No eres un mensajero del cuarto poder. Eso no es sino una atinada metáfora de Burke. Eres mucho más, eres el soporte profesional del control social de los poderes”.
Aquellas clases del maestro, con aquel abrir y cerrar de ojos, reflejaban la realidad con el toque más profundo de ella.
Hoy, aquellos ojos se han cerrado para siempre. Pero en ellos queda la profundidad de su escuela, que seca sus lágrimas para poder contemplar la sabiduría que aquellos ojos han dejado abierta para la eternidad.  




lunes, 28 de abril de 2014

Antonio Dueñas: “Con este libro me parece haber encontrado el camino que quizás debiera de haber entendido hace años”

Podría parecer que Antonio Dueñas ha saltado al ruedo con la publicación de ‘Retórica y Creación’, un libro que representa años de investigación en este ámbito. Sin embargo al entrevistado difícilmente le verán en uno, puesto que los toros no es algo que vea ni desde la barrera. Con su traje, ‘no de luces’, pone luz a este tomo, con el que parece haber alumbrado el sendero que, según él, debiera haber emprendido hace años.

Infoactualidad: Presenta este libro aquí, en la Facultad, en la que lleva dedicado a la docencia desde el año 1986. Tras tantos años en esta casa, como profesor y actualmente impartiendo clase en uno de los máster, ¿Qué supone presentar aquí esta publicación?
Antonio Dueñas: Me alaga que se haga una presentación de este ámbito porque hay muchos tópicos y malentendidos con la retórica. De lo que trata el libro precisamente es de clarificar cuál es el origen y los postulados de la retórica, sus conexiones con la filosofía, con la ética, o con los sofistas, que tienen muy mala prensa y no debería ser así. En ese sentido, me alegra que a través de la Biblioteca y la Editorial Fragua se haga esta presentación y pueda llegar al mayor número de personas y alumnos. No espero tampoco que sea un best-seller.  

I.: Tras muchos años de dedicación a la investigación del mundo de la retórica se ha consagrado ’Retórica y Creación’, ¿Qué significa para usted, como investigador, la presentación de este ejemplar?
A.D.: El libro supone una investigación personal; a través de la lingüística y de la pragmática se trata de ir llegando a la retórica. Personalmente me parece haber encontrado el camino que quizás debiera de haber entendido hace muchos años. En segundo lugar, me gustaría que todos los que se acerquen a la lengua, a la crítica literaria, y a todos estos estudios humanísticos, tuvieran la posibilidad de tener una idea más clara de la que se debiera discutir, pero en ningún caso la ignorancia absoluta, que ha sido la tónica en los últimos 200 años sobre la retórica. La retórica no es lo superfluo, sino que es algo mucho más complejo que se ha ido desarrollando durante siglos.

I.: Teniendo en cuenta que la retórica serían los procedimientos y las técnicas de utilización del lenguaje, ¿se podría decir que para los alumnos de esta Facultad es más importante aún si cabe tener un conocimiento de  esta disciplina?
A.D.: Yo creo que sí, porque la tendencia en los últimos años ha sido la de que se adquieran competencias y destrezas; pero en la retórica lo que se hace desde el principio, desde Protágoras, es unir ese tipo de técnica, de saber manejar la lengua, con un planteamiento mucho más profundo de la lengua con el pensamiento. En ese sentido, la retórica lo que indica es que el camino del conocimiento lo empieza la lengua. No nos podemos limitar a formar alumnos en destrezas y habilidades. La Universidad debe ser otra cosa. Los griegos dicen que eso es la techné, pero luego está la Episteme. Cuando se relaciona la lengua con el pensamiento aparece ese camino.

I.: En este libro se hace un recorrido que comienza en la Grecia clásica, sigue por la Edad Media, y analiza el progreso en el mundo de la retórica. Pero el progreso no es siempre un avance. Hay una frase que se le atribuye en la que señala que la evolución no tiene que ser siempre para delante, y pone el ejemplo del pulpo, “que come y hace sus necesidades por el mismo agujero”.
A.D.: Es verdad que alguna vez lo dije hablando de la evolución biológica. Es muy curioso, porque la evolución del cerebro humano no es racional, no hay una línea evolutiva progresiva, sino que es una línea muy caótica e imperfecta. Decía la italiana y Premio Nobel de Medicina Levi-Montalcini, en su libro “Elogio de la Imperfección”, que el cerebro es como si en la base pones un coche de los años 30, encima uno de los años 60 y luego pones un coche actual. No hay un proyecto a largo plazo, sino que va hacia delante y hacia detrás. Eso hace que el ser humano tenga esta capacidad que no tienen otros animales. La cucaracha, por ejemplo, es así desde hace millones de año y no cambia.

I.: Para que se dé la retórica hay que tener en cuenta dos factores: la inventio, o creación de contenidos, y la dispositio, que sería la organización de esos contenidos. ¿Se desarrollan estos factores de forma acertada en la sociedad?
A.D.: Aunque no se expliquen detalladamente, en el proceso retórico están presentes en cierto modo. Cuando a un niño en el colegio se le dice que tiene que hacer una redacción sobre algo, le dices: “piensa y anota cosas que se te vayan ocurriendo y lo combinas luego de tal forma que se pueda escribir una cosa coherente”. El proceso retórico es eso. Lo que pasa es que existe ese prejuicio, que ya enunciaba, desde hace siglos y no se considera en su justa medida. En la edad media, por un proceso escolástico, se establecieron estas bases como si hubiese que seguir ese orden, pero no hay que seguir ese orden. No hay que seguir un orden, ese es el anquilosamiento típico de la edad media.

I.: ¿El conocimiento de las técnicas de la retórica ayuda a distinguir, por ejemplo, cuando hay manipulación mediática?
A.D: Claro. Aristóteles ya empezó a darse cuenta de que la retórica tenía mucha difusión y que había que estudiarla, y admite ciertas cosas. Después los sofistas, y más tarde Quintiliano y otros, dicen una cosa muy elemental y es que debe de haber un comienzo, una narración y un final. Entonces dicen: “¡ojo!”, ¿de qué se va a escribir? Es difícil empezar a decir algo sabiendo que hay mucha gente en contra. El comienzo trata justamente de contrarrestar la casi segura opinión contraria de un auditorio. Eso se aprende, eso es la tecné. Luego está en cómo cada uno lo elabore.

I.: ¿Qué supone el paso del mito al logos, a la palabra?
A.D.: La retórica aúna dos corrientes. Una es la época mítica, hasta Sócrates, que ahí ya había una serie de personajes, de hombres divinos. Estos brujos tenían una serie de capacidades, una de ellas era la de hablar de tal forma que se quedaban escuchando atónitos.  El prototipo de esto era Pitágoras. La retórica toma esta parte, que es la parte de la persuasión, dirigida al aspecto emocional. A ella se añade, más tarde, también la parte dialéctica, lógica, la del razonamiento.

I.: En el mundo clásico la Aletheia, el camino de la verdad, era el bien supremo; la doxa, la opinión, lo despreciable. En la actualidad la opinión pública se ha convertido en la reina de los mares de la sociedad, ¿Cómo afecta a la retórica que la opinión tenga tanto peso en la actualidad?
A.D.: Este problema se plantea ya con los sofistas, en concreto con  Protágoras y Sócrates. Se pasa de la Aletheia de Platón, la verdad absoluta, a cuando llega Protágoras, en el siglo V, a decir: “no tengo razones para negar la existencia de los dioses, pero tampoco para decir que existan”. Ahí se monta un cirio y le echan a Protágoras de Atenas. Empieza así ese concepto de Doxa. Eso debe ser analizado con dos conceptos: el de la ética personal y el de la moral pública. Esto es importantísimo porque  todas las opiniones son libres, pero no todas son respetables, porque chocan con los principios éticos que defendía Protágoras, como el de ‘bien común’. Se está imponiendo mucho en los medios el decir “es que es mi opinión”, pero no todas son respetables, como por ejemplo ir en contra de algo probado científicamente.

I.: ¿Está unida la retórica a la defensa de una opinión?
A.D.: La retórica está muy unida a la argumentación. Un discurso en el que se trata de convencer necesita de argumentos. Estos  se discuten, y luego podrás tener la razón o no. Sin embargo, a lo que asistimos es a aferrarse a lo que uno piensa: “yo tengo esto y no me convence nadie”.

I.: ¿Debe ser el diálogo el principal cauce de toda sociedad?

A.D.: Protágoras escribió Antilogías, que no conocemos, ya que le quemaron los libros por dudar de los dioses. Ahí trata de introducir su día-logos, es decir, discutir la posición del otro. Si tú me convences, yo encantado. Si alguien te convence no es una derrota es una victoria de la razón. 

martes, 25 de febrero de 2014

Martínez Albertos: "Me siento satisfecho de haber dejado detrás de mi una escuela para el Periodismo".

Como profesor dispuesto a impartir una clase más, con los libros sobre su mesa, José Luis Martínez Albertos recibe a Infoactualidad en su casa. El lugar elegido da la pista de la personalidad de este Catedrático Emérito que puso en marcha el Departamento de Periodismo I de la Facultad de Ciencias de la Información y que extendió además su teoría de los géneros periodísticos por todo el mundo. En la conocida Ciudad de los Periodistas de la capital española, donde vive actualmente, el profesor echa una vista atrás para situarse en la que fue durante años su otra casa, algo así como el paraíso, según lo define él mismo. 

Infoactualidad: Cuando se cumple casi una década desde que dejó el Departamento de Periodismo I de la Facultad de Ciencias de la Información como Catedrático Emérito. ¿Cómo recuerda, profesor, aquellos momentos en los que dejó la Universidad y el Departamento que usted mismo había fundado?
Martínez Albertos: Fue un trauma psicológico, aunque tampoco hay que dramatizar. En 1986 empezó a funcionar oficialmente el Departamento, pero desde 1975 y 1976 ya venía haciéndolo en parte. Cuando empieza la Facultad los únicos departamentos reconocidos eran aquellos que provenían de las facultades que ya estaban en funcionamiento. Todas las enseñanzas nuevas estaban sin ningún tipo de reconocimiento. No obstante, nosotros nos agrupábamos ya. Por ello, aunque mi duración como director del Departamento de forma oficial fue de 16 años, en realidad fueron más. Fue duro dejarlo, porque toda mi vida universitaria en la Complutense se había volcado en ese Departamento. Además fueron muchísimos años de un contacto continuo y directo con gente con la que nos entendíamos muy bien. Una de las características del Departamento, y esto no es mérito mío, es que había un clima de una extraordinaria cordialidad, era una especie de paraíso.  

I.: Sabiendo de sus dotes como nadador, un deporte que aún sigue practicando, ¿Tuvo que dominar mucho los virajes de sus brazadas para poner ese proyecto en marcha?
M.A.: No, aquello vino dado por el mismo curso legal de los acontecimientos. Las Facultades de Ciencias de la Información comienzan a funcionar en el curso 1971/72, apoyándose en una Ley General de Educación de 1970. No obstante, después hubo que estar esperando a que las leyes llegaran una detrás de otras. Por ejemplo, el Real Decreto de Departamentos Universitarios, que reestructuró todas las facultades. A partir de ahí tuvimos un reconocimiento pleno y conseguimos que estuviera representado en la Junta de Gobierno de la Complutense. Para entonces, ya habíamos alcanzado ya una madurez académico-burocrática.  

I.: ¿Qué diferencias existían entre los comienzos de esta Facultad con la vivida cuando usted se jubiló? 
M.A.: Era radicalmente distinta. Los últimos años en los que impartía las clases en el Máster, como Catedrático Emérito, coincidieron con la preparación y aplicación de Bolonia. Sin embargo yo no llegué a participar en esos cambios. Empezaba a fraguarse un concepto de universidad diferente a lo que nosotros empezamos en el 71. Una época en la que la universidad estaba asentada en el principio de la clase magistral, en la que la interrelación era más bien pequeña, incluso entre los propios departamentos.  

I.: Dice que el panorama era muy distinto, pero hay cosas de aquel entonces que se han mantenido, como su amistad con aquellos compañeros del Departamento como la profesora Luisa Santamaría, el profesor Ángel Benito y muchos otros…
M.A.: Acabas de citar los nombres de unas personas que nos conocemos desde la Escuela Oficial de Periodismo, de 1955-1958. Allí coincidimos. También con el profesor José Julio Perlado, aunque no era del mismo curso, y Luis Núñez Ladeveze, entre otros. Fue una promoción realmente buena.

I.: No era fácil el acceso a la Escuela de Periodismo…
M.A.: Se entraba mediante un examen previo, como una especie de oposición. Nosotros entramos 60 en mi promoción y había entre 400 y 500 solicitudes. Había que hacer un test de actualidad, pero además entregar una memoria autobiográfica propia. La mía la escribí en Mallorca, que soy medio mallorquín, mis padres vivían allí. Al mismo tiempo estaba haciendo las prácticas de oficial del Ejército como alférez de Complemento. Recuerdo que escribí la memoria haciendo las prácticas. El que era director de la escuela de Periodismo, que fue durante muchos años director general de prensa, Juan Aparicio, leía las materias y sometía a los aspirantes a un examen muy profundo.

I.: Venía además de estudiar otra carrera, ¿Qué encontró allí que no había encontrado hasta ese momento en su vida?
M.A.: Yo venía de haber terminado Derecho. Pero lo había hecho de una forma un tanto rara. Hice dos años de alumno libre y tres años de alumno oficial, en Barcelona y Valencia. Eso de ir cambiando no me permitió hacer mucho contacto con la gente. Frente a esto, me encontré en Madrid un bloque de alumnos muy volcados hacia fuera y muy vocacionalmente volcados hacia la literatura. En aquella época, muchos que hacían periodismo eran novelistas fracasados, que pensaban en el periodismo como un instrumento para alimentarse mientras hacían otras tareas. Había además muchos sacerdotes. El conjunto humano fue muy valioso. Yo hice allí muchos amigos. Encontré amigos como Ángel Benito, María Luisa Santamaría… Y muchos otros. Era, además, un contraste entre relaciones frías y académicas a un tipo de relaciones cordiales. La Escuela Oficial de Periodismo era muy irregular, desde el punto de vista académico. Había muy buenos profesores, pero otros no tanto.

I.:¿Cree que la Universidad ha ganado en seriedad con los años?
M.A.: Sí, mucha.

I.: ¿Cree que todavía le falta ganar más seriedad?
M.A.: Probablemente sí, porque nunca se alcanza esa seriedad del todo. Fue uno de los empeños que tuvimos los que pusimos en marcha las facultades. Algunos de los profesores que había entonces estaban por razones de enchufe político, ya que la Escuela de Periodismo provenía del Ministerio de Información y Turismo. Pero también hay que destacar que había grandes profesores como, por ejemplo, el economista José Luís Sampedro.

I.: Comentaba que era medio mallorquín, pero usted nació en Vigo y su familia proviene de Almansa (Albacete), ¿Qué recuerdos guarda de su infancia?
M.A.: Yo me fui con ocho años de Vigo. Llegué a Mallorca con mis hermanos y mis padres. Allí estudié bachillerato. Tengo muy buenos amigos allí. Eran los años de la postguerra, aunque en Mallorca las escaseces fueron menores que en España, porque es una zona muy autosufiente. Estuve estudiando en un colegio que llevaban los padres franciscanos de Inca, que se portaron conmigo de maravilla y guardo muy buenos recuerdos.

I.: ¿Era allí ya un obsesionado de la lectura?
M.A.: Obsesionado no es la palabra, más bien interesado. Yo recuerdo que me leí el libro “Lo que el Tiempo se llevó”, un libro que muy poca gente se ha leído al pié de la letra, en unas vacaciones, un año que tuve que hacer un descanso por enfermedad. Nosotros vivíamos en un chalecito a las afueras de Inca, que tenía zonas de jardín. Allí me leí el libro. Y allí en Mallorca comencé a dar mis pinitos como periodista. Se fundó un semanario en Inca, que se llamaba “Ciudad”, y allí nos reclutaron a unos cuantos. Luego ya conecté con un gran amigo mío, Pablo de Irazazábal, que estaba trabajando aquí en Madrid ya, en la Actualidad Española, que me dijo que podían tener un sitio para mí.

I.: Usted piensa que la escritura se debe desarrollar antes de los 14 años…
M.A.: Yo soy de la teoría de que quien a los 14 años no ha sido capaz de asimilar lo que podemos llamar las reglas de juego de la escritura es muy difícil que lo haga en el resto de su vida. Hasta los 14 años se va modelando el estilo; el concepto de la sintaxis, los signos de la puntuación, o lo haces antes de los 14 años o es muy difícil. Llegaba gente a la facultad que no sabía escribir.

I. No sabían escribir…
M.A.: En la Facultad tuvimos unos años que entraba gente con unas escrituras horrorosas. Eso se debía a que se permitía el acceso a todo el mundo. Fue una política de las autoridades académicas de la Complutense, instigada por el Ministerio, de no poner límites a la gente que quisiera venir, con el objetivo de que la Facultad tuviera resonancia y repercusión política y académica. Recuerdo una chica a la que suspendí, que tenía incluso faltas de ortografía, y vino a protestarme por la calificación. Ella me dijo que la ortografía y la escritura son “tics” burgueses que había que superar. Yo me encontré mucha gente, no sé si por razones ideológicas, que tenían muy malos conocimientos. En cambio, en las escuelas de periodismo no se daba ese caso, la gente era más madura desde el punto de vista humano. Luego después, cuando pusieron los criterios de selectividad y la nota de corte, se notó muchísimo, porque automáticamente desaparecieron las faltas de ortografía. Pero la gente seguía escribiendo mal. Como decía Umbral: “la ortografía es un mecanismo de ordenador, pero la sintaxis es el arte de la construcción de la frase”.

I.: ¿Qué es para usted el periodismo?
M.A.: Yo me encuentro muy desengañado ya sobre el periodismo actual, porque es una cosa distinta de la que yo viví. Yo sigo aferrado a  ideas que deben ser obsoletas, viejas, pasadas de moda. Felipe González decía que los ex presidentes eran como jarrones chinos, que no se sabe qué hacer con ellos. Yo creo que el periodismo es el arte de decir a la gente lo que ocurre a la gente. Lo básico del periodismo está en la información, pero el periodismo tiene dos bases: la información y el comentario. Para que exista el comentario debe haber primero una información suficiente. Yo siempre he estado en contra de identificar periodismo y literatura. El periodismo es una función política. A través del periodismo se cumple el objetivo de informar al ciudadano, la literatura sirve para entretener. El periodismo es esa actividad sociocultural que sirve para atender una de las exigencias de los ciudadanos en una determinada comunidad. Para mi básicamente el periodismo está basado en una teoría de los géneros periodísticos. A través del respeto de los géneros periodísticos estamos haciendo el juego limpio con los ciudadanos. Yo creo que actualmente ese respeto por los géneros periodísticos se ha perdido y lo que se hace es un engaño.

I.: El nacimiento de los periódicos se produce por la unión de la actualidad y la periodicidad. El Daily Courant se considera el primer diario, nacido en Inglaterra a comienzos del XVIII. Pero nos encontramos con que la periodicidad se ha roto en Internet en muchos casos y se ha implantado la inmediatez. ¿Se quedaría ambiguo el término periodicidad?
M.A.: Te estás refiriendo con ello a lo que decía Dovifat; a los conceptos de periodicidad, actualidad y máxima difusión. Cuando establece esos tres elementos está hablando de un modelo de periódico de la primera mitad del siglo XX. Si todo lo que suponen las nuevas técnicas es que el concepto de periodicidad de ha ido al cuerno no me preocupa demasiado. La instantaneidad, en cualquier caso es relativa, porque se guarda  una cierta periodicidad. Para mi uno de los elementos básicos que diferencia el periodismo de antes y de hoy es el de máxima difusión. La actualidad es igual, aunque ahora es todo mucho más inminente. Eso hace que muchos mensajes sean concebidos para que los reciba mucha gente heterogénea. El concepto de máxima difusión hace que el periodismo sea un elemento básico para la cultura de masas porque son mensajes concebidos para que los reciba mucha gente heterogénea. Eso se puede entender como el periodismo constructor de una mentalidad liberal. El periodismo ha contribuido muchísimo en la conformación de lo que son los mitos liberales. Buena parte de ese apoyo está basado en que el público es masivo. El público actualmente no tiene por qué ser masivo, sino que puede ser más individualizado, a grupos más reducidos. Eso que es ya una realidad con el tiempo se puede extender y hacer más individualizada la comunicación.

I.: ¿Se considera un referente para el periodismo? (Sabiendo que sus libros se estudian prácticamente en todas las universidades de habla hispana).
M.A.: Me encuentro muy orgulloso del libro “Curso General de Redacción Periodística”, que es una edición del año 93, que sigue reeditándose y vendiéndose en España y América. Yo creo que esa ha sido mi aportación al mundo a través de la teoría de la comunicación periodística; la elaboración de un corpus que permite entender cómo son o cómo eran los géneros periodístico , en qué consiste el lenguaje periodístico, cuáles son las diferentes modalidades de lenguaje periodístico y cómo teóricamente debieran elaborarse los géneros periodísticos. Yo creo que esa ha sido mi aportación, y en ese sentido creo que me siento satisfecho porque digamos que he dejado una escuela, hay mucha gente que sigue esa línea no solamente en España, sino también fuera. Al mismo tiempo tengo que hacer un acto de fe, y es que esta idea me vino dada por el que fue para mí un gran maestro intelectual, que fue el profesor Antonio Fontán. En una ocasión estando en Pamplona me sugirió la idea de que yo desarrollara y trabajara la teoría de los géneros periodísticos. Él me la esbozó. En un acto de reconocimiento digo que si yo empecé a trabajar en esa línea fue porque él me lo sugirió.

I.: Si tuviera que resumir su vida en una frase…
M.A.: Fui amigo de mis amigos, aunque en ocasiones me haya podido equivocar al tomar decisiones que les afectaran.

I.A.: Amigo, amistad…
M.A.: En concreto estoy pensando en mi gente del Departamento de Periodismo I de la Facultad. Y concretamente en un profesor acerca del cual tuve que tomar una decisión que me dolió mucho y que a él también le dolió, y que creo que me equivoqué… Y que sigue siendo mi amigo a pesar de todo.


viernes, 20 de diciembre de 2013

María Luisa Santamaría: "El primer día que llegué a la Facultad, descubrí que era un lugar alegre"



Al calor de la hemeroteca de la Facultad de Ciencias de la Información, y en una tarde fría de invierno, María Luisa Santamaría, catedrática de Periodismo y doctora en Ciencias Políticas, recuerda los mejores momentos de su paso por la Facultad que fue su casa y que sigue considerando una parte muy importante de su vida.
A la alegría que siempre le acompaña al llegar a este lugar, se ha sumado en esta ocasión la presencia del también catedrático emérito de esta casa, José Luís Martínez Albertos. Dos motores importantes del Periodismo y un lugar que, entre los múltiples ejemplares que guarda, crea el ambiente idóneo para conducir a la invitada al pasado, a los más de 30 años en los que ejerció la docencia en esta Facultad. Especial es su vinculación al Departamento de Periodismo I, aquel que Santamaría despidió entre lágrimas, tras haber sido directora del mismo, y tras haber forjado entorno a él, lo que ella misma considera “una gran familia”. Hoy se siente feliz al ver a su hijo, Pedro Paniagua, ocupando el lugar que la hizo tan feliz.

- ¿Cómo se siente hoy aquí?
Me siento como en mi propia casa. Hay un clima maravilloso, porque en la calle hace un frío espantoso, y aquí se está en un clima de calor y en ambiente de amistad.

- Al estar en este lugar, rodeada de libros, ¿Qué se le viene a la mente?
Yo he escrito varios libros, pero hay uno que parece ser que ha tenido más éxito y que lo escribí precisamente con una compañera. Se publicó en Argentina, pero luego ha dado la vuelta a todos los países. Es un libro del que se habla en las tesis doctorales y las oposiciones, lo cual a mi me llena de orgullo.

- Se refiere a La opinión Periodística. Argumentos y Géneros para la Persuasión, que escribió junto a la profesora María Jesús Casals, hacia la que guarda gran admiración…
Admiración y cariño. De ella puedo decir de todo. Cuando me despido de ella noto como un desgarro porque es una persona muy cercana. Recuerdo lo que dije en su tribunal de cátedra: “será una gran figura en varios estadios”. Me atrevería a decir que llegará a ser académica, porque es una estudiosa y una mujer que tiene una fuerza de voluntad como yo no he conocido a nadie.

- Sin duda ella es uno de los grandes recuerdos de su paso por esta Facultad. Allá por 1977 llegó por primera vez a este lugar. ¿Cómo fue su primer día como docente?
Vine precisamente con mi hijo Pedro, el que hoy es director del Departamento, porque tenía que dar una clase y me daba miedo. Le dije: “vente conmigo y me dices por señas si voy bien o mal”. El primer día me puse muy nerviosa, pero el segundo ya fue como si hubiera estado toda la vida. Los alumnos, y la Facultad de Ciencias de la Información, tienen expresión de alegría en la cara. Es una Facultad alegre, donde la gente saluda con alegría y en la que se hace amistad con el profesor. Yo tengo muchos alumnos con los que todavía mantengo la amistad desde que les di clase.

- Sin embargo, dejar la Facultad le costó alguna que otra lágrima…
Llevaba unos lagrimones enormes. La separación de la Facultad fue un drama terrible, es una de las cosas más dolorosas que me han pasado en la vida. Yo a la Facultad la echo de menos todos los días y hay veces que sueño que estoy en la Facultad.

- ¿Cómo son esos sueños?
- Alegres. Tengo alumnos que se han situado muy bien. Cada vez que veo a uno de ellos en televisión me entra una alegría enorme. Sueño con ello. Por ejemplo, Isabel San Sebastián o Vicente Clavero fueron mis alumnos. Les veo con mucho cariño y como si no hubiera pasado el tiempo.

- Cuando se entra en el departamento de Periodismo I y se pregunta por usted la gente responde que era como una madre… ¿Qué destacaría de su paso por él?
No hemos tenido ningún problema nunca, quitando algún rocecillo. Era un desear agradarnos. Todo el mundo en la Facultad conoce la unión de nuestro departamento, la unión entre profesores, y todos quieren venirse a nuestro departamento, por la fama que tiene.

- Hija de inspector de Policía y de ama de casa, ¿por qué quiso ser periodista?
Mi padre era un hombre muy particular. Tuvo unos éxitos mundiales enormes; descubrió las huellas con guantes. Estábamos acostumbrados a tener un padre muy honorífico. Al principio, a mí me gustaban las matemáticas. Pero cuando empecé con ellas, me parecían demasiado duras para mí. Entonces hice amistad con un grupo de periodistas, entre los que se encontraba Carlos Luís Álvarez, fallecido hace poco, que fue el que me convenció. Él me decía: “en la escuela de Periodismo te enseñan a escribir, que es lo que a ti te gusta”. Así que me metí en la Escuela de Periodismo y aprobé, que fue para mí como un milagro, porque entrar era dificilísimo en aquellos momentos.

- Su marido también era periodista…
Era periodista y abogado, jurídico del aire. Tenía una gran afición a la investigación, y me la pegó a mí. Entre los dos escribimos unos libros de pensamiento del siglo XIX, que tuvieron mucho éxito. Mi marido murió a los 36 años, y a esas edad un intelectual no está suficientemente formado. Sin embargo, nos dio tiempo a escribir tres libros. El último de ellos lo hice yo y fue mi tesis doctoral.

- ¿Qué supone ver a su propio hijo en el mismo cargo, de director de Departamento, que usted ocupó?
Mi hijo Pedro es un genio, como su padre. Tiene una inteligencia muy superior a lo normal, lo supe desde que era un niño pequeño. Llegará también donde tenga que llegar. Este año ya le han publicado un libro de pensamiento en Méjico que se ha vendido muchísimo. Es un gran escritor y tiene la misma pluma que su padre, del cual dijo Paco Umbral en su esquela: “era la mejor pluma de nuestra generación”.

- ¿Qué pudo ver su hijo que le llamara la atención a seguir su ejemplo?
Yo creo que este niño nació con ganas de escribir. Tenía cuatro o cinco años y escribía cuentos. A mí me llamaba la atención, porque su afán era escribir; afán con el que sigue ahora. Se levanta a las cinco de la mañana para escribir. Por eso no me extraña que tenga el puesto que tiene, como tampoco me extrañaría que llegara a tener un puesto importante dentro de la universidad, por su gran pluma.

- ¿Cree que le pudo servir usted de referente?
Quizás sí. Yo desde pequeños les hablaba de su padre y les leía los cuentos de Rabindranath Tagore y Juan Ramón Jiménez. Desde muy pequeños tomaron la costumbre de leer. Mis tres hijos son grandes lectores y, estaría feo que lo diga pero, son unos chicos muy cultos.

- A pesar de hacerse cargo de sus hijos, no dejó de estudiar y llegó a ser una de las primeras mujeres en obtener el Doctorado en Ciencias Políticas…
Sí fui de las primeras en obtener este doctorado. Además, yo llegué a la Facultad de Políticas en un momento en el que estaban todos los discípulos de Ortega y Gasset y era una maravilla. Las clases de la Facultad para mí eran una antesala del cielo. Sentarme allí y oír a Paulino Garagorri, a Maraball… Pasaba allí dos o tres horas encantada y maravillada. Cuando terminé políticas me pasó lo que con esta Facultad, se me acabó el mundo.

- ¿Y entre tantas cosas tenía tiempo de leer a Proust, Julián Marías, o la filosofía de Aristóteles, Platón?
Yo era de las que se levantaba a las cinco de la mañana, como mi hijo, y me ponía a leer. Tenía dos o tres horas de lectura; ¡no digamos nada de cuando la tesis o las oposiciones! Fue una época muy agradable cuando hice las oposiciones. Conocí a todos los escritores franceses, que hice amistad con muchos y que aún perdura.

- Si tuviera que quedarse con un libro, ¿cuál sería?
En busca del tiempo perdido, cada dos o tres años lo vuelvo a leer. Lo leo, lo releo y me deleito, porque no he leído nada igual. Además es un ensayo, que es lo que más me gusta. Casi todo el romanticismo francés me vuelve loca.

- Con esa ilusión de niño, que sea cual sea la edad se puede sacar, y ya que los Reyes Magos están a la vuelta de la esquina, ¿qué regalo les pediría para el periodismo?
Pido para la Facultad que mejore, que ha sido mucho el esfuerzo de los primeros. Que sigan los demás profesores esforzándose y llegue a ser la mejor Facultad de Periodismo que hay en España, que yo creo que lo es, pero que mejore más todavía. 


Pol Montañés, actor en 'Isabel': “Siento que no haya podido evolucionar más el personaje, pero ha sido una oportunidad increíble”


Recién salido de la España de los Reyes Católicos, tras su papel de Alfonso de Portugal en la serie Isabel, de TVE, Pol Montañés retoma su nombre artístico de Pol Monénn y resucita, tras la muerte de su personaje en la serie, para hablar en Infoactualidad de su sueño, un sueño que poco a poco parece hacerse realidad.
Con la sonrisa que le caracteriza y los nervios ante la que es su primera entrevista, el joven de 19 años hace su entrada en la redacción. En su mochila le acompaña su papel en la serie The Avatars,  o en las películas Els Nens Salvatges, Elisa K, o El Asesino del Párking, entre otras. Su historia comenzó a escribirse muy pronto, sin embargo cada paso es un nuevo capítulo en su vida. Desde su habitación viaja con la mente a otros relatos, que él mismo escribe y sueña con hacerlos realidad. Y si de escribir va la cosa, Pol decidió dar un paso más y comenzar a estudiar Periodismo en Madrid.

¿Cómo cambia el Pol de la vida real a sumergirse en el papel de la España de los Reyes católicos?
Ha sido un reto, ya que no había hecho nunca antes nada similar, ni siquiera teatro clásico. Una de las dificultades que tuve, aparte de la edad porque mi personaje tenía 15 años, fue el lenguaje. Cuando estaba con la chica en la habitación, en lugar de decir “eres muy guapa” o “estás muy buena”, tenías que decir “sin duda sois la flor más hermosa de todas”. Había que intentar que quedara natural y también pensar que era una época distinta.

- ¿Qué le ha llevado a querer participar en ese papel?
- No creo que esté en una posición de decir que no a nada, pero fue una oportunidad increíble. El casting fue en Madrid y yo estaba en Barcelona porque mi familia es de allí. Gracias a mi representante pude grabar en la agencia y dos semanas después terminé conociendo al director del casting. No sé si fue porque se quedó con mi cara o algo, pero creo que me reconsideró un poco más porque me vio más tarde. Dos semanas después me dieron el papel.

- ¿Cómo se ha sentido representando a Alfonso?
Me he sentido cómodo, porque la diferencia de edad con el personaje tampoco es muy grande y, además, se practica. He tenido la oportunidad de ensayar un poquito con la chica que era mi esposa, aunque en televisión todo es muy rápido, tienes como tres tomas o incluso te graban con varias cámaras y luego ya lo montan ellos. No puedes repetirlo mucho.

- Su papel en la serie Isabel ha terminado por la muerte del personaje, ¿cómo se lleva eso?
Fue algo muy duro, porque realmente es una oportunidad que no se tiene todos los días. Siento que no haya podido evolucionar más el personaje. Yo soy de los que piensa que un actor también se hace, por lo que ha sido una oportunidad increíble trabajar en una serie así, con actores a los que siempre he admirado un montón, gente que yo de pequeño veía en televisión, y poder verlos de repente en el camerino es como de locos.

- Como por ejemplo…
Me gusta muchísimo Julio Manrique, que era el chico que interpretaba a Colón. Es un actor catalán que ha hecho mucho teatro. También ha realizado muchas cosas para la televisión autonómica. Es un “crack”, me encanta como actor.

- ¿Qué se siente cuando uno se ve actuando?
Incómodo (Risas). La verdad es que a mí no me gusta verme. Es un poco la sensación que tienes, por ejemplo, cuando te grabas la voz, que no te gusta. Tienes que ser crítico e intentar mirarte desde fuera y no tanto personalmente. Obviamente eres tú y te ves todos los defectos, pero creo que es una oportunidad muy buena, te das cuenta de muchas cosas y de aquello que tienes que corregir.

- ¿Con quién vio el capítulo?
Lo vi con mis compañeras de piso y también invité a mi mejor amiga a verlo con nosotros, porque quería tener a alguien muy cercano conmigo.

- ¿Es actor también en la vida diaria?
No, creo que no (risas). Creo que se tiene que saber distinguir. Lo que más me gusta de esta profesión es meterte en la piel de otro personaje, de otra época. Es muy divertido. En la vida real todos somos actores, claro, pero depende como lo mires. Pero no, no quiero timar a nadie.

- Con 9 años ya empezó a actuar… ¿Cómo fueron esos inicios?
Yo había hecho publicidad casi desde los dos años, porque tenía una tía que era modelo y estaba en una agencia. De pequeño, como era rubio y eso, me apuntaron. En ese sentido había hecho algo de publicidad, pero no me había planteado tampoco lo de actuar hasta que empecé a hacer teatro. A los ocho años me salió un casting de la agencia de publicidad donde estaba y me dieron el papel. Era para un Tele-Movie que se llamaba El Asesino del Párking.

- Tras ello vinieron otros papeles en The Avatars, Elisa K… ¿Qué es lo que recuerda con más cariño, o qué le ha marcado más?
Creo que cada proyecto es distinto. El modo de trabajar de la tele es muy diferente al del cine. En el cine se tiene más tiempo y se puede profundizar algo más; mientras que la tele es una oportunidad increíble para ganar experiencia. Lo que más ilusión me ha hecho han sido todos los proyectos, porque siempre los recibo como que me toca la lotería. Cada proyecto es una oportunidad increíble.

- Se ha bautizado, además, con el nombre artístico de "Pol Monenn", ¿Por qué eligió ese nombre?
Quería tener parte de mis dos apellidos, así que los fusioné. Y me gusta.

- Además de la interpretación, el mundo de los medios es algo que le apasiona. Tanto es así que actualmente estudia periodismo en Madrid… ¿Por qué eligió esta carrera?
Me gusta mucho escribir. Creo que es una carrera teórica, en el sentido de que te aporta muchas cosas a nivel cultural, y también es práctica porque puedes escribir mucho y tienes la oportunidad de mejorar también y de que te corrijan. Lo que más me gusta de periodismo es la escritura.

- ¿Qué escribe?
De vez en cuando escribo, pero en mi habitación. Me gusta mucho escribir historias o cuentos. También a veces pienso: “me gustaría hacer un corto”, que nunca he hecho ninguno. Anoto ideas y cuando tengo algo más de tiempo escribo.

- Además en su tiempo libre estudia Hebreo…
Por razones culturales, básicamente. Es una cultura que me gusta muchísimo y que es bastante cercana. 

- Ya que se acerca el fin de año, ¿Qué perspectivas guarda para 2014?
Que le vaya muy bien las cosas a mi familia, y a todo el mundo en general, y a mí también.