martes, 29 de abril de 2014

Los ojos de Farias se abren a la eternidad

Su muerte ha roto el abrir y cerrar de ojos que le caracterizaba. Jurista, catedrático y exdecano de la Facultad de Ciencias de la Información siempre abogó por la defensa de la empresa informativa y de las libertades. El Departamento de Periodismo IV, del que fue director, hoy llora la ausencia del maestro Pedro Farias, que deja una trayectoria marcada por una fuerte vocación.

Tras sus pupilas, que se cerraron definitivamente el pasado 22 de abril, se hacía sentir el calor, la tolerancia y la comprensión de un hombre dispuesto a hallar siempre la solución más justa. Le gustaba hacer suyos los problemas de los demás y demostraba a menudo cierta generosidad ante ellos.
Eso lo saben bien en el Departamento de Periodismo IV, aquel en el que ejerció como director desde abril de 1996 hasta 2002. Ellos no esperaron al momento de su muerte para mostrarle su gratitud, sino que con la publicación del libro homenaje “Reflexiones en torno a la Libertad de Empresa Informativa”, en el que participaron ilustres profesores de más de una veintena de universidades españolas, ya le mostraron su reconocimiento en el momento de su jubilación.
Manuel Sevillano, autor del epílogo del libro, y antiguo compañero de Farias, lo define como un hombre del renacimiento, con grandes conocimientos, y aficionado al debate. Pero sin lugar a dudas, lo que más destacan en el departamento que fue su casa es su fuerte vocación universitaria.
Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales y, además, diplomado en Sociología Política encontró en el periodismo el mayor objeto de su defensa.
Sus publicaciones así lo recalcan. Entre ellas, Sevillano destaca, tanto como por su contenido, como por la defensa de la libertad como pilar básico, el libro titulado “En torno a la libertad de empresa informativa”. Sin embargo no es el único. Otros tomos como Dialéctica moderna y Estado” o “Libertades Públicas e Información” han dejado constancia de la pluma del también humanista y poeta nacido en Vizcaya.
“Ellos, los que han muerto con una cámara en la mano, los que son víctimas del terrorismo, los que padecen persecución por su sinceridad contratada, son tu mejor espejo”, decía Farias en su “Carta a un joven periodista”.
Promovida por él, en 1997, se levantó una escultura en la entrada de la Facultad dedicado a quienes dieron su vida por defender las libertades informativas, monumento que hoy continúa en ese lugar frente a la fachada del emblemático edifico gris.
Si se contempla esta fachada y se abren los ojos se ven pasar de un lado hacia otro a estudiantes del mundo de la información, si se cierran y se puede dar paso a lo más profundo: “No eres un mensajero del cuarto poder. Eso no es sino una atinada metáfora de Burke. Eres mucho más, eres el soporte profesional del control social de los poderes”.
Aquellas clases del maestro, con aquel abrir y cerrar de ojos, reflejaban la realidad con el toque más profundo de ella.
Hoy, aquellos ojos se han cerrado para siempre. Pero en ellos queda la profundidad de su escuela, que seca sus lágrimas para poder contemplar la sabiduría que aquellos ojos han dejado abierta para la eternidad.  




lunes, 28 de abril de 2014

Antonio Dueñas: “Con este libro me parece haber encontrado el camino que quizás debiera de haber entendido hace años”

Podría parecer que Antonio Dueñas ha saltado al ruedo con la publicación de ‘Retórica y Creación’, un libro que representa años de investigación en este ámbito. Sin embargo al entrevistado difícilmente le verán en uno, puesto que los toros no es algo que vea ni desde la barrera. Con su traje, ‘no de luces’, pone luz a este tomo, con el que parece haber alumbrado el sendero que, según él, debiera haber emprendido hace años.

Infoactualidad: Presenta este libro aquí, en la Facultad, en la que lleva dedicado a la docencia desde el año 1986. Tras tantos años en esta casa, como profesor y actualmente impartiendo clase en uno de los máster, ¿Qué supone presentar aquí esta publicación?
Antonio Dueñas: Me alaga que se haga una presentación de este ámbito porque hay muchos tópicos y malentendidos con la retórica. De lo que trata el libro precisamente es de clarificar cuál es el origen y los postulados de la retórica, sus conexiones con la filosofía, con la ética, o con los sofistas, que tienen muy mala prensa y no debería ser así. En ese sentido, me alegra que a través de la Biblioteca y la Editorial Fragua se haga esta presentación y pueda llegar al mayor número de personas y alumnos. No espero tampoco que sea un best-seller.  

I.: Tras muchos años de dedicación a la investigación del mundo de la retórica se ha consagrado ’Retórica y Creación’, ¿Qué significa para usted, como investigador, la presentación de este ejemplar?
A.D.: El libro supone una investigación personal; a través de la lingüística y de la pragmática se trata de ir llegando a la retórica. Personalmente me parece haber encontrado el camino que quizás debiera de haber entendido hace muchos años. En segundo lugar, me gustaría que todos los que se acerquen a la lengua, a la crítica literaria, y a todos estos estudios humanísticos, tuvieran la posibilidad de tener una idea más clara de la que se debiera discutir, pero en ningún caso la ignorancia absoluta, que ha sido la tónica en los últimos 200 años sobre la retórica. La retórica no es lo superfluo, sino que es algo mucho más complejo que se ha ido desarrollando durante siglos.

I.: Teniendo en cuenta que la retórica serían los procedimientos y las técnicas de utilización del lenguaje, ¿se podría decir que para los alumnos de esta Facultad es más importante aún si cabe tener un conocimiento de  esta disciplina?
A.D.: Yo creo que sí, porque la tendencia en los últimos años ha sido la de que se adquieran competencias y destrezas; pero en la retórica lo que se hace desde el principio, desde Protágoras, es unir ese tipo de técnica, de saber manejar la lengua, con un planteamiento mucho más profundo de la lengua con el pensamiento. En ese sentido, la retórica lo que indica es que el camino del conocimiento lo empieza la lengua. No nos podemos limitar a formar alumnos en destrezas y habilidades. La Universidad debe ser otra cosa. Los griegos dicen que eso es la techné, pero luego está la Episteme. Cuando se relaciona la lengua con el pensamiento aparece ese camino.

I.: En este libro se hace un recorrido que comienza en la Grecia clásica, sigue por la Edad Media, y analiza el progreso en el mundo de la retórica. Pero el progreso no es siempre un avance. Hay una frase que se le atribuye en la que señala que la evolución no tiene que ser siempre para delante, y pone el ejemplo del pulpo, “que come y hace sus necesidades por el mismo agujero”.
A.D.: Es verdad que alguna vez lo dije hablando de la evolución biológica. Es muy curioso, porque la evolución del cerebro humano no es racional, no hay una línea evolutiva progresiva, sino que es una línea muy caótica e imperfecta. Decía la italiana y Premio Nobel de Medicina Levi-Montalcini, en su libro “Elogio de la Imperfección”, que el cerebro es como si en la base pones un coche de los años 30, encima uno de los años 60 y luego pones un coche actual. No hay un proyecto a largo plazo, sino que va hacia delante y hacia detrás. Eso hace que el ser humano tenga esta capacidad que no tienen otros animales. La cucaracha, por ejemplo, es así desde hace millones de año y no cambia.

I.: Para que se dé la retórica hay que tener en cuenta dos factores: la inventio, o creación de contenidos, y la dispositio, que sería la organización de esos contenidos. ¿Se desarrollan estos factores de forma acertada en la sociedad?
A.D.: Aunque no se expliquen detalladamente, en el proceso retórico están presentes en cierto modo. Cuando a un niño en el colegio se le dice que tiene que hacer una redacción sobre algo, le dices: “piensa y anota cosas que se te vayan ocurriendo y lo combinas luego de tal forma que se pueda escribir una cosa coherente”. El proceso retórico es eso. Lo que pasa es que existe ese prejuicio, que ya enunciaba, desde hace siglos y no se considera en su justa medida. En la edad media, por un proceso escolástico, se establecieron estas bases como si hubiese que seguir ese orden, pero no hay que seguir ese orden. No hay que seguir un orden, ese es el anquilosamiento típico de la edad media.

I.: ¿El conocimiento de las técnicas de la retórica ayuda a distinguir, por ejemplo, cuando hay manipulación mediática?
A.D: Claro. Aristóteles ya empezó a darse cuenta de que la retórica tenía mucha difusión y que había que estudiarla, y admite ciertas cosas. Después los sofistas, y más tarde Quintiliano y otros, dicen una cosa muy elemental y es que debe de haber un comienzo, una narración y un final. Entonces dicen: “¡ojo!”, ¿de qué se va a escribir? Es difícil empezar a decir algo sabiendo que hay mucha gente en contra. El comienzo trata justamente de contrarrestar la casi segura opinión contraria de un auditorio. Eso se aprende, eso es la tecné. Luego está en cómo cada uno lo elabore.

I.: ¿Qué supone el paso del mito al logos, a la palabra?
A.D.: La retórica aúna dos corrientes. Una es la época mítica, hasta Sócrates, que ahí ya había una serie de personajes, de hombres divinos. Estos brujos tenían una serie de capacidades, una de ellas era la de hablar de tal forma que se quedaban escuchando atónitos.  El prototipo de esto era Pitágoras. La retórica toma esta parte, que es la parte de la persuasión, dirigida al aspecto emocional. A ella se añade, más tarde, también la parte dialéctica, lógica, la del razonamiento.

I.: En el mundo clásico la Aletheia, el camino de la verdad, era el bien supremo; la doxa, la opinión, lo despreciable. En la actualidad la opinión pública se ha convertido en la reina de los mares de la sociedad, ¿Cómo afecta a la retórica que la opinión tenga tanto peso en la actualidad?
A.D.: Este problema se plantea ya con los sofistas, en concreto con  Protágoras y Sócrates. Se pasa de la Aletheia de Platón, la verdad absoluta, a cuando llega Protágoras, en el siglo V, a decir: “no tengo razones para negar la existencia de los dioses, pero tampoco para decir que existan”. Ahí se monta un cirio y le echan a Protágoras de Atenas. Empieza así ese concepto de Doxa. Eso debe ser analizado con dos conceptos: el de la ética personal y el de la moral pública. Esto es importantísimo porque  todas las opiniones son libres, pero no todas son respetables, porque chocan con los principios éticos que defendía Protágoras, como el de ‘bien común’. Se está imponiendo mucho en los medios el decir “es que es mi opinión”, pero no todas son respetables, como por ejemplo ir en contra de algo probado científicamente.

I.: ¿Está unida la retórica a la defensa de una opinión?
A.D.: La retórica está muy unida a la argumentación. Un discurso en el que se trata de convencer necesita de argumentos. Estos  se discuten, y luego podrás tener la razón o no. Sin embargo, a lo que asistimos es a aferrarse a lo que uno piensa: “yo tengo esto y no me convence nadie”.

I.: ¿Debe ser el diálogo el principal cauce de toda sociedad?

A.D.: Protágoras escribió Antilogías, que no conocemos, ya que le quemaron los libros por dudar de los dioses. Ahí trata de introducir su día-logos, es decir, discutir la posición del otro. Si tú me convences, yo encantado. Si alguien te convence no es una derrota es una victoria de la razón. 

domingo, 13 de abril de 2014

Un cartero del destino


Sus labios recitan poesía. Lo hacen, además, en el día del año dedicado a este género. Hoy comienza la primavera y Saturnino Martín Amigo siente que sus versos, a sus 93 años, nunca han dejado de florecer.
“Yo empecé a vivir muy pronto”, dice sentado en su casa, que no está en Troya, sino en el pequeño pueblo de Garciotum, aunque lo cierto es que una Elena no le falta en su vida. Pero antes de construir junto a ella su castillo de amor, nuestro personaje vivió en sus propias carnes el trabajo de una época en las que las cosas no eran fáciles.
Tenía tres años y ya acompañaba a su padre al campo agarrado a la espuerta que llevaban las caballerías. Pronto perdió el miedo. A los ocho años, tal y como recuerda ahora como anécdota, perdió las cabras que cuidaba, y eso que era su primer día con ellas. Sin embargo ello le valió para aprender que las cabras de noche no caminan y que siguiendo su rastro se puede llegar a ellas. Probablemente ello sea uno de esos tantos consejos de su padre que nunca ha borrado de su mente.
Y es que todo el conocimiento no está en la escuela, pues este amigo de sus amigos jamás la pisó. Pero hubo un hombre, Felipe Nombela, el maestro, que supo ver la inteligencia que guardaba en su aún pequeña cabeza. “Este hombre fue el que me dio a mí la vida”, dice con la vista en la pasado.
Saturnino iba aprendiendo de la vida y a la vez iba forjando unas ideas que le marcarían para el resto de los años. “Soy Socialista”, así se define. Sin embargo, para él el socialismo pasa por seguir los ideales de su fundador, Pablo Iglesias, y desde su libro “Vivencias inolvidables de un socialista toledano” hace una llamada a los herederos de estas ideas para comportarse así.
Los susurros del pasado se desplazan por su mente hasta el presente. Recuerda cada momento vivido como si desde entonces solo hubieran pasado unas horas. “¡La Guerra civil!”, pronuncia con su voz fuerte y bailarina, que aún conserva. Ese acontecimiento marcó el resto de su vida.
Y con ese aire de libertad con el que había soñado durante todo “El Franquismo” recibió la carta de la democracia. Los sobres empezaron a depositarse en las urnas con la fuerza de un país renovado. Y ese día, ese sobre que depositó Saturnino era distinto de todos los que había llevado anteriormente como trabajador de correos, pues representaba su derecho a decidir. Esos aires de libertad, impulsados por la nueva Constitución, le llevaron de nuevo a sacar su poesía y ensalzar en ella aquel artículo 20 de la carta suprema que recoge la libertad de expresión.
Capotazo tras capotazo llegó su jubilación. Y, con ella, se sienta cada tarde en el palco de su casa para ver la corrida que la “caja tonta” le hace llegar. Toros y poesía nunca faltan. Y si el poeta Federico García Lorca unió parte de su poesía a los toros, Saturnino ha demostrado que él no es menos. La muerte de “El Yiyo” partió más de un corazón. A él le dedicó una pieza de esas que sabe hacer. “Escribo siempre y he escrito de todos los sitios a los que he ido”, asegura acercando la mirada al frente con sus gafas de pasta.
Sus obras son cosas del destino, y forjadas con el corazón. La gloria y el infierno, para él, están en la tierra. Y es en ella donde espera ser cartero y recoger en cada sobre un pedacito de su vida por medio de su poesía.

lunes, 24 de marzo de 2014

El presidente de la transición recibe el adiós de su pueblo

Foto: Juan Carlos Gómez
El salón de los pasos perdidos del Congreso de los Diputados ha servido de encuentro para el primer presidente de la transición española con su pueblo. Adolfo Suárez ha unido a España una vez más y ha sacado el sentir de los españoles que han querido dar su último adiós a uno de los principales impulsores de la Constitución actual.

El cielo llora la muerte del líder de la UCD y deja caer débiles gotas a primeras horas de la tarde. Miles de personas guardan una fila kilométrica para dar su último adiós al hombre que supo permanecer en pié cuando la democracia se balanceaba.
Cada persona con una historia que contar. Cada corazón con un sentir. Pero todos con una imagen hoy en su mente, la del hombre que sembró en España las bases de la actual democracia y consiguió su estabilidad.
Y es que ni las condiciones físicas, ni la edad, hoy han sido un impedimento para decir adiós a Adolfo Suárez. Tras la larga cola de más de tres horas todos esperan para poder decir en unos segundos “Adiós presidente”.
“Nos mueve la pena”, asegura un matrimonio que ha venido desde La Puebla Nueva, en Toledo, para despedirse de uno de los padres de la democracia. “Tenía que haber 20 o 30 ministros como él”, añade el matrimonio.
Y es que si hoy se destaca algo en especial, ello es el compromiso vocacional que el primer presidente tuvo hacia su pueblo. Hoy no se entiende de edades y desde los más mayores hasta los más jóvenes le han querido rendir su pequeño homenaje.
Ese es el caso de Rubén y Maite, dos compañeros de Pamplona que esta mañana, estando en la universidad, han decidido venir a Madrid a visitar el ya cuerpo sin vida de Adolfo Suárez.
Las cuatro horas que han hecho de viaje los jóvenes no han sido impedimento para llegar hasta aquí. La ilusión ha sido su compañera de viaje. “Creemos que ha hecho mucho por este país”, asegura Rubén, satisfecho de haber llegado a Madrid, aunque sabiendo que aún le faltan más de tres horas para poder pisar la entrada del Congreso.
Y la fila avanza y avanza y las personas, que aguardan su turno con impaciencia, entablan conversaciones unos con otros haciendo de esas pocas horas un momento de unidad de los unos con los otros.
Aquel mensaje que dejó Suárez en la transición de unidad de un pueblo que salía de la dictadura franquista se puede ver reflejado en las filas que esperan para verlo por última vez. Diferentes signos políticos, disparidad de opiniones, pero un único pueblo: España.
A medida que se avanza en ese recorrido de ilusión con sabor a despedida las anécdotas se suceden. Dos hermanas de Las Siervas de María y Ministras de los enfermos recuerdan cómo se vivió el momento de la transición en el convento. “Vivimos el momento en el que estábamos con ilusión y esperanza desde el convento. Todas unidas”, dice una de ellas.
Ambas, que aseguran no tener color político, señalan que “el logro de Suárez fue romper con las divisiones de España”. En el mismo sentido, afirman haber vivido muy de cerca la enfermedad de su mujer y su hija, lo que les permitió acercarse más a él.
Claveles blancos y rojos, principalmente, colorean el paso hasta los pies del presidente. Sus portadores se impacientan a medida que suben la Carrera de San Gerónimo en dirección a la Puerta de los Leones.
Al fondo, brilla el silencio y reina la calma. El presidente yace en el medio del Salón de los Pasos Perdidos entre los españoles que vienen a su encuentro. Con ese silencio, Infoactualidad, como uno más, sale de la sale, y con una leve mirada hacia atrás dice: “Hasta siempre, presidente”.
Dicho esto, cada vida vuelve a su destino sabiendo que tras ellos queda el reflejo del que fue el primer presidente de la democracia y el hombre que supo dar a España el color de progreso y libertad.





domingo, 23 de marzo de 2014

El escaño de la transición vacío


Como una vela que se apaga. Como un libro que se cierra y que pone el punto final a su historia. Así, Adolfo Suarez, el personaje clave de la transición, ha dejado vacío su escaño, aquel en el que, como primer presidente de la democracia, intentó conquistar el centro y colocar a un país que venía de los años de “El Franquismo” en los aires de progreso y libertad.
Hoy, la calle que lleva su nombre en su localidad natal de Cebreros, Ávila, respira a tranquilidad. En ella está la casa que le vio nacer, la casa que fue de su abuela y que hoy, con la puerta cerrada, guarda tras ella los recuerdos del pasado.
Nadie por las calles de su pueblo tiene una palabra ofensiva para el fundador de la UCD. “Con una sonrisa conquistaba a la gente”, dice una vecina de la localidad a la vez que cuenta que cada vez que se acercaba al pueblo era uno más.
La familia del expresidente, que ocupó el cargo desde 1976 hasta 1981, es muy reconocida por los habitantes de este pequeño pueblo de 3.500 habitantes. A unos pocos metros de la casa donde nació, una vecina recuerda cómo la abuela de Suarez, conocida como “tia Josefa”, prestaba dinero a la gente. “Era una familia que funcionaba bien. De hecho, tenían el único teléfono que había entonces en la zona. Pero destacaban por su solidaridad”, explica a Infoactualidad desde su casa.
A unos pocos metros se encuentra el museo dedicado a su figura, inaugurado en 2009. Al dar unos pasos en él se escucha la canción “Libertad sin ira” y pronto se puede descubrir el ambiente en el que el entonces candidato luchó por ganar aquellas primeras elecciones presidenciales de la democracia española.
En el pueblo recuerdan con entusiasmo aquella campaña en la que Adolfo, como muchos le llaman, no perdió la oportunidad de ir a su localidad natal a pedir el voto. Para los vecinos, los ideales ya entonces los tenía muy claros. “La tarea, hoy como ayer, se sigue llamando España. La ilusión, como siempre, es hacerla digna en su sentido nacional, próspera en lo económico, justa en lo social y habitable con honor para todos. Vamos a intentarlo juntos”, pronunciaba Suárez durante su primer mensaje al pueblo español en 1976.
Y si el pueblo supo tener claro ese mensaje, los españoles también. Aquel 15 de junio de 1977 las urnas le dieron la victoria. La plaza de Cebreros se unió a la marea de la UCD en España y celebró la victoria que los votantes habían dado a su paisano. Así lo recuerdan algunos vecinos de la localidad que participaron en ella.
“Puedo prometer, y prometo, intentar elaborar una Constitución en colaboración con todos los grupos representados en las Cortes, cualquiera que sea su número de escaños”. Aquel mensaje con el que había cerrado la campaña se convirtió en su más ansiado reto, y quizás fuese también una de las causas de su debacle, al intentar unir polos ideológicamente opuestos. Pero lo cierto es consiguió unir a los diferentes partidos con representación y dar forma a la que sería la Constitución de 1978.   
Hábil, generoso e inteligente, se valió de su instinto político para establecer las bases de una sólida democracia. La valentía le llevó a saber cuál era sitio. “Deseo para España y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida”, dijo el 29 de enero de 1981, consciente de que había llegado el momento de abandonar su puesto.
Pero el ¡Quieto todo el mundo! de Tejero se cruzó en su camino y amenazó con derrumbar los esfuerzos que había realizado este político que aún no había cumplido los 50 años de edad. Suárez no estaba dispuesto a ello. Y demostró el atributo vocacional de su profesión al permanecer en su escaño del Congreso de los Diputados, mientras era asaltado por los golpistas.
El Rey Don Juan Carlos, en reconocimiento a su labor durante la transición le otorgó el título de Ducado de Suárez. Su trayectoria política en ese momento deja el primer plano y, tras dejar la UCD, funda el CDS, donde permanecerá hasta 1991.
“La transición fue, sobretodo, a mi juicio, un proceso político y social de reconocimiento y comprensión del distinto, del diferente, del otro español, que no piensa como yo,…y que, sin embargo, no es mi enemigo sino mi complementario”. Con este discurso recogía en 1996 el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia.
Pero a medida que la transición se iba consolidando, el corazón de Suárez se iba apagando al ver cumplida su misión. Su última aparición en público, en el año 2003, se produjo con el objetivo de apoyar la candidatura de su hijo, Adolfo Suárez Illana, a la presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha por el Partido Popular.
La enfermedad pronto le hizo olvidar que había sido presidente, que su entrega había guiado a todo un país unido hacia la democracia. Pero, para entonces, ya había logrado que fuera un país entero el que no le olvidara.
Desde el museo que se lleva su nombre en Cebreros se observan los carteles electorales, las urnas, los símbolos de la democracia. Pero en ese ambiente, se puede encontrar el sillón del escaño de Suárez vacío. Él ya no está. Se ha marchado. Pero tras él está su rostro y una frase: “puedo prometer y prometo…”. Suarez prometió marcar la ruta de un país bajo la unidad y, con su promesa hecha, el sillón de la transición ha quedado vacío al ver culminada su obra.







martes, 11 de marzo de 2014

Lucas Fernández: "En el mundo de la cartelería hay que proponerse un reto cada segundo"


Con poco más que papel y cartulina, Lucas Fernández, delineante talaverano y aficionado al diseño gráfico, ha sabido buscar la creatividad y posicionar su cartel anunciador entre las fiestas más emblemáticas. Ahora expone su trabajo en su ciudad y muestra así la cara de niño que esconde la madurez de su obra.

Infoactualidad: Hasta el 15 de marzo un total de 17 carteles se exponen en la cafetería ‘Dolce Vita’, de Talavera de la Reina, ¿Qué se pretende hacer llegar al público con la exposición?
Lucas Fernández: La idea es que el público vea todo el trabajo desde el comienzo, desde que parte la idea. No sólo que vean el resultado final, que es lo que presentamos en los concursos. Queremos que tengan la sensación de tocar la pieza, que es real.
I.: Para este trabajo ha contado con la colaboración de Alberto Torres y Laura Farelo…
L.F.: Este trabajo lo hemos desarrollado los tres. Cuando hacemos cada cartel, yo busco toda la información, hago un boceto, se lo paso a Laura y vemos el material que vamos a utilizar y el tipo de técnica. Luego yo soy el que lo doy forma. Una vez que está todo formado se lo pasamos a Alberto, que es el que hace la fotografía para poder conseguir luces y sombras, que es lo que nos interesa. Luego lo pasamos a un formato digital que es lo que nos ayuda a meter el texto, el logo y todo aquello que sea necesario. Ese resultado es lo que presentamos al final al concurso.
I.: Desde 2008 que se involucró en el mundo de la cartelería ya son más de 200 los carteles que ha diseñado, ¿Qué siente por este mundo?
L.F.: Es algo que me gusta mucho porque te da la posibilidad de mostrar ideas que igual la gente no podría llegar a entender, pero que gracias a una imagen se puede llegar a conocer.
I.: ¿Cómo ha cambiado su visión profesional desde 2008 hasta ahora?
L.F.: Nosotros hemos notado un progreso total. Ya tenemos alguna experiencia y, sobretodo, no dejamos de investigar en técnicas nuevas. No solo en cuanto al papel y a la cartulina, sino en otros materiales. Incluso a la hora de trabajar en material no dejo de practicar con la ilustración. Hay que tocar todos los campos y poder llegar a  toda la gente, porque no todos van a apreciar un tipo de cartel. Unos a lo mejor van a entender un tipo de cartel y a otros les va a resultar más difícil.

I.: ¿Cuánto tiempo le ha llevado preparar esta exposición?
L.F.: Hemos estado trabajando durante más de tres semanas en la exposición. Nos ha costado más al tener que montar piezas originales. Teníamos que buscar un formato para protegerlas, pero que fuera palpables. He necesitado ayuda de muchas personas. Los marcos, por ejemplo, están hechos de madera, a mano, por un familiar. Gracias a ello hemos hecho un formato más grande y que pueda protegerlas mejor.
I.: ¿Cómo le surgió la idea de la exposición?
L.F.: El dueño de la cafetería, Andrea Conte, nos pidió material para exponer. Teníamos material guardado, pero no habíamos pensado en hacer algo con piezas originales. En 2012 ya habíamos hecho una exposición pero queríamos hacer algo diferente y más vistoso, más atractivo, y que la gente lo entendiera mejor. La otra exposición gustó mucho; presentamos piezas de todo tipo, desde el papel y la cartulina, hasta ilustración digital. Pero ahora queríamos hacer algo más vistoso y atractivo.
I.: ¿Se trabaja mucho esta técnica en España?
L.F.: La verdad es que no se trabaja mucho. Es difícil encontrar material en plan manual, pero como partes del papel y la cartulina que es muy accesible, solo hay que echarle imaginación y ver los detalles de la técnica para que no te de problema, pero en España no se han hecho muchos trabajos de este tipo.
I.: Cuando lo único que se tiene delante es un papel y una cartulina, ¿De dónde se saca la imaginación para crear la obra?
L.F.: En este tipo de creación vas un poco condicionado por lo que te pide el concurso y el jurado. Con eso tienes que reunir todos los elementos e intentar dar una visón un poco más original y novedosa, pero este tipo de técnicas ayudan bastante.
I.: Para hacer una creación de este tipo, ¿hay que ser un adulto o hay que ser un niño?
L.F.: No hay que dejar de ser un niño. Hay que pensar con la imaginación desde cero, no puedes perder esa inocencia y ese punto infantil porque entonces no lo vas a transcribir, o plasmar en el papel. Tiene que ser un proceso desde un poquito más niño, hasta la madurez de la creación, que es cuando le tienes que dar el toque de adulto. Tienes que partir con la imaginación, y los niños son los que tienen toda la imaginación.
I.: ¿Hay alguien que le sirva de inspiración o de referencia?
L.F.: Yulia Brodskaya es una referencia, pero no me guío por lo que ella hace. Sí que sigues un poco sus técnicas, pero normalmente partes de la información que te da el concurso, intentas buscar lo que se ha hecho antes ver el estilo.
I.: ¿Cómo surge esa chispa?
L.F.: Muchas veces tienes que jugar con la improvisación. Hay ideas que vienen solas; lo mismo tomando un café, que en una biblioteca. Yo tengo siempre tres libretas. Cuando te viene la idea del boceto tienes que desarrollarlo enseguida porque si no lo pierdes. Yo, en teoría, trabajo en casa, por la noche, que es cuando estás más relajado. A veces me pongo música relajada para concentrarme, música ambiental. Hay veces que lo contrario; cuando la idea no sale escucho otro tipo de música.

I.: ¿Qué le encantaría anunciar?
L.F.: Hay festivales buenos que siempre me gustaría anunciar como el festival de Jazz de San Sebastián. También siempre quedan espinitas, como el Festival de Jazz de Talavera o las fiestas de Ermua, porque es la localidad de mi mujer.
I.: Si tuviera que hacer un cartel anunciando una buena noticia, ¿Cuál sería?
L.F.: Yo creo que muchas veces el cartel cuanto más simple sea más información te da. Con un detalle que hagas tienes que saber conectar con la gente. Mi cartel sería muy minimalista, intentaría resumir con un detalle todo lo que quisiera decir la noticia. Me gustaría dar una noticia buena en mi cartel, como el final de las guerras, o soluciones en investigaciones médicas como la cura contra el cáncer.
I.: ¿Algún reto por cumplir o alguna técnica por experimentar?

L.F.: Muchos. Yo creo que en este mundo de creaciones aprendemos constantemente. Hay que proponerse un reto cada segundo, y sobre todo no dejar de disfrutar. Tiene que ser un reto constante. 

“No podía decir a mi madre que había tenido una pistola en la cabeza o que estaba siendo maltratada”

Autor: Alejandro Alcolea
Autor: Alejandro Alcolea
Por su color carbón y sus ojos esmeraldas, la pantera negra ha sido el personaje central de algunas historias de terror. En esta historia, esta pantera, que no puede revelar su identidad como consecuencia del miedo que aún invade su cuerpo, ha tenido que hacer frente a una situación de maltrato durante once años. Tras mucho tiempo en el que ha intentado recobrar el negro pelaje que los golpes magullaron, ha vuelto a recuperar su fuerza felina y trata de ayudar a aquellas personas que se encuentran en su misma situación. 

Infoactualidad: Tras haber pasado por una situación como el maltrato, ¿Podría decir que lo ha superado actualmente?
Pantera negra: Sí, se puede decir que soy una superviviente.
I.: ¿Cómo se siente ahora mismo?
P.N.: Muy bien, la verdad es que salí hace cinco años de la situación de maltrato y lo que me hizo crecer fue la necesidad de ayudar a otras mujeres que estaban en la misma necesidad que la mía. Conseguí salir adelante después de una terapia gratuita de dos años, ya que no tenía recursos, porque no lo denuncié.
I: ¿Por qué no lo denunció?
P.N.: Por miedo. Yo estaba amenazada de muerte. Entonces sabía que en el momento en que lo denunciara era un hándicaps más para que me amenazara con una pistola o me diera un palo por la calle.
I.: ¿Es difícil denunciarlo?
P.N.: Es muy complicado. Primero tienes que asumir que eres una mujer maltratada. Eso hoy en día es más fácil, pero con todo y con eso cuesta asumirlo sobretodo si no tienes un maltrato físico abusivo. El maltrato más fuerte que hay es el psicológico, que es el que te machaca, que es además el previo al físico. Tú no sabes que estás siendo muchas veces maltratada. En muchos casos piensas que es una regañina de pareja. El maltrato psicológico llega a unos límites que ya no puedes controlar y cuesta mucho trabajo el darse cuenta que estás siendo maltratada.
I.: Es algo progresivo…
P.N.: Claro, ningún maltratador llega y el primer día te suelta una bofetada.
I.: ¿Cuándo empezó el maltrato físico?
P.N.: Al año, o una cosa así. Siempre empieza siendo psicológico. Hay una serie de cosas en la que te puedes dar cuenta que hay un maltrato. Dejarte sin amigas, dejarte aislado de la familia, cuando te dice “no te pongas esto”…
I.: ¿Cómo fue la primera situación de maltrato físico que sufrió?
P.N.: Después de una discusión, que puede venir de cualquier tema; desde haber movido un cenicero que no le gusta, o algo que te has puesto que no le ha agradado, e incluso si has mirado mal a alguna persona que ha pasado por la calle. Esa primera vez me puse un cinturón que no le gustaba y me pegó un puñetazo en el pecho. Me quedé un poco mal, pero luego te recuperas.
I.: En esos momentos ¿en qué se refugiaba?
P.N.: En el futuro, en pensar que algún día puedo salir de ahí, si no te mueres. En pensar qué iba a hacer cuando me fuera. Pensaba que lo peor que podía pasarme era que yo me quedara ahí para siempre. Sin embargo, aunque yo me quedara, sabía que mis hijos sí podrían marcharse. Ellos tenían a su padre, a su familia y tendrían su trabajo.
I.: ¿Tienen hijos en común?
P.N.: No, gracias a Dios no. Yo tenía dos hijos de mi relación anterior. Nosotros no estábamos casados, éramos pareja.
I.: ¿Y sus hijos veían toda la situación que había?
P.N.: Sí, lo que pasa es que no eran conscientes. Cuando no hay un maltrato físico, el psicológico es menos visible. Lo vivían de otra manera. Mis hijos eran más pequeños. Mi hija tenía 2 años, el niño tenía 9, pero aun así cuesta trabajo. El mayor se fue con mi madre al final y 10 años después yo me fui con la niña. En el 90% de las situaciones ellos no estaban delante. Sin embargo, me obligaba, por ejemplo, a castigar a mis hijos por orden suya.
I.: ¿El que no fuera él el padre influía?
P.N.: No, pienso que los maltratadores lo hacen igual. El maltrato era hacia mí y a quien quería hacer daño era a mí.
I.: ¿Llegó a maltratar a sus hijos en alguna ocasión?
P.N.: Psicológicamente sí, físicamente no.
I.: ¿El padre de sus hijos conocía la situación?
P.N.: Sí que lo sabía, pero no podía hacer nada. Además yo le pedí que se mantuviera al margen porque yo sabía el peligro que corría; era el primer amenazado.
I.: ¿Once años aguantando?
P.N.: En los primeros dos años y medio me fui siete veces de casa y volví. Con todo lo que ello implica; llévate hijos, llévate tus cosas… Las primeras veces volví por miedo, pero ya las últimas veces vuelves por dependencia emocional. Es como una droga. Tú caes tan bajo en la autoestima que en cuanto tienes un problema fuera él es el que te sirve de refugio. Es como cuando un alcohólico se refugia en la bebida. Tú eres una mierda y esta persona te dice lo que hay que hacer.
I.: ¿Cómo actuó su familia en todo esto?
P.N.: Al principio preocupados, pero claro, después de siete veces, piensan o que estás loca o que eres una mala madre. Yo en una ocasión tuve que dejar mi casa y a mis hijos con mi madre, porque él cambió de trabajo y se fue de ciudad y yo tuve que seguirle bajo amenaza de muerte. Sin poder decir nada tuve que dejar a mis hijos en un par de ocasiones, entonces la familia dice “esta tía está loca”. Cuando tú no lo dices es primero por vergüenza, parece una incongruencia, pero es así, y luego por miedo. En cuanto digas una cosa en contra de esta persona sabes que puedes…
I.: ¿Se ha sentido apoyada en su entorno?
P.N.: Sí, lo que pasa es que te queda tan lejano… Yo me quedé sin amigas, me quedé casi sin familia, porque te va aislando poco a poco. Y tú para que no pase nada y no le pase nada a tu familia no les cuentas nada.
I. ¿A quién fue a la primera persona a la que le dijo que era una mujer maltratada?
P.N.: No como tal. No llegas y le dices: “soy una mujer maltratada”. A mi madre le confesé una de las veces que lo estaba pasando mal. Lo dices de una manera que la gente se entere sin tu explicarlo del todo. Cuando yo realmente lo dije fue cuando fui a la psicóloga. A mi familia no le podía expresar todo lo que me estaba pasando. No podía decirle a mi madre que había tenido una pistola en la cabeza o que me había pegado.
I.: ¿llegó a tener una pistola en la cabeza?
P-N.: Sí.
I.: ¿Y de dónde sacó el arma?
P.N.: Él tenía armas, porque trabajaba con armas.
I.: ¿Era policía…?
P.N.: No… Él trabajaba en seguridad.
I.: En seguridad…
P.N.: Yo he sufrido todos los tipos de maltrato que pudiera haber. Desde el sexual, el físico, el económico… Eso para mí fue lo de menos. Era muchísimo más doloroso por ejemplo que al venir de la calle, en alguna ocasión, me bajara las bragas para ver si había hecho algo con alguien. Eso era más humillante que que te dieran un bofetón o que te echara la bronca por saludar a alguien por la calle.
I. ¿Hasta qué punto cree que le podría haber llevado el miedo?
P.N.: Hay mujeres que están siendo maltratada que le plantan cara al agresor, pero no son capaces de irse, ya que lo que les mantiene ahí es el enganche emocional. En mi caso no, porque él medía 1,90 y era como un armario empotrado, sabía que tenía todas las de perder.
I. ¿Pensó alguna vez en acabar con su vida mientras dormía?
P.N.: No, pero sí que pensaba algunas veces qué pasaría si no viniera. Muchas mujeres en la misma situación piensan qué pasaría si no viniera, o si le diera un infarto o se le cae una teja encima. Es una manera e liberarte de algo que no puedes escapar.
I.: ¿A pesar de todo le quería?
P.N.: No, es un enganche emocional. No estás enamorado. Te sientas y reflexionas que quieres salir de ahí y no sabes cómo. Yo decía que necesitaba que me cogiera una mano por la calle y desaparecer. Yo sabía que me podía encontrar en cualquier momento.
I.: ¿Era celoso?
P.N.: Sí, la mayoría de los maltratadores piensan que la mujer es su posesión y tienen que hacer lo que ellos te digan, a parte de los celos. Si actúan mal con una mujer ellos piensan que es porque se lo merece.
I.: Decía también que había abusado sexualmente de usted…
P.N.: No es que mantener relaciones con él fuera un abuso. Sino que cuando yo no quería tenía que obedecerle o hacerle lo que él quería. Al margen de tener relaciones sexuales todos los días con él, consentidas o no consentidas, yo vivía con él, nos acostábamos juntos… Pero al margen de eso había relaciones forzadas. “Tú vas a hacerme esto ahora mismo”. Sin preguntar si me apetecía o no.
I.: Después de todo lo que cuenta, ¿Era posible actuar con normalidad?
P.N.: No, yo tenía una calle, que era por la que podía ir a las compras, otra calle para ir al trabajo, que era su negocio. Yo estuve trabajando siete años allí, sin cotizar, sin cobrar, sin nada. Yo tenía mi ruta de vida y no me podía salir de ahí. Cuando él recibía visitas masculinas, algún amigo, algún compañero, yo me tenía que esconder en la habitación.
I.: ¿Cómo era él ante la gente?
P.N.: Él para la gente era un tipo extraordinario. El mejor vecino, el mejor amigo… La gente no pensaba que eso pudiera pasar en casa.
I.: Existe ese sentimiento de a ver si cambia…
P.N.: Claro, en una situación de violencia es así. Está la típica luna de miel, que se comporta contigo estupendamente. Y luego cambia, y es cuando viene el maltrato. Luego te pide perdón, o te hace un regalo. Si fuera siempre violento te irías. Es como la droga, te pone su chute y te sienta muy bien. Es como una ola, hay una etapa en la que está todo fenomenal y tú piensas que si ahora está bien a lo mejor cambia. Pero siempre vuelve el maltrato, siempre. A veces se oye a algunas mujeres maltratadas decir que lleva una semana genial con su marido, pero se sabe que va a venir después el batacazo y va a ser otra vez igual.
I.: ¿En qué momento se decide poner fin a la situación?
P.N.: La media está en 10 años u 11 años, según las estadísticas, para que una mujer de el paso.
I.: Una vez que rompió con la situación, ¿Le costó mucho volver a la vida normal?
P.N.: Sí, estuve dos años con terapia. La psicóloga me daba pautas para tener mi tiempo de ocio. Para mí era inconcebible que tuviera dos horas para comprar. Cuando una mujer se tira 10 años con un hombre no es porque sí, es porque hay todo un proceso. El 90 por ciento de las mujeres acaban con un sentimiento de culpa.


I.: ¿Hay mucha ayuda por parte de la administración?
P.N.: No, hace cinco años si no denunciabas no tenías ayuda para nada. A mi me dieron por un Máster que había en la Complutense de psicólogas. Recibí dos años de terapia. Fue lo que me ayudó. Ahora las mujeres que no lo denuncian tienen algunos derechos más.
I.: ¿Considera posible que un maltratador se reinserte en la sociedad?
P.N.: Es muy difícil. Lo primero porque no reconocen que no son maltratadores. Ellos piensan que la mujer se lo merece. Reproducen a lo mejor conductas que han visto en su familia o que han normalizado una situación de maltrato.
I. ¿Existe un perfil general de la mujer maltratada?
P.N.: No, existe un perfil del maltratador, pero de la mujer maltratada no. Tenemos desde extranjeras, hasta profesoras de universidad, casadas con catedráticos…
I. ¿Catedráticos también?
P.N.: Sí, sí…
i.: ¿Y en ese caso lo denuncian?
P.N.: El caso que yo recuerdo hubo un divorcio. Pero es más difícil cuanto más estatus, porque cuanto más poder van a creer menos en la mujer.  

I.: ¿Continúa teniendo miedo actualmente?
P.N.: Hoy por hoy hago mi vida con normalidad, pero siempre queda algo ahí presente. Aunque no se puede bajar la guardia, ya que el miedo tiene su servicio. No tengo el miedo que tenía antes. A su lado tenía prohibido entrar a los bares y otras muchas cosas.
I: ¿Ha vuelto a saber algo de él?
P.N.: Supongo que estará con una nueva pareja, pero no sé nada. Sin embargo, él sabe ahora dónde vivo, sabe todo. Lo sé porque fue al trabajo de mi hijo y se lo estuvo contando. Este año por primera vez he dado la cara públicamente ante una televisión, o en un libro, que nos pedían un testimonio. Tras cinco años me he atrevido a dar el paso, pero jamás daré su nombre. Yo sentía miedo.
I ¿Ha tenido alguna relación después?
Sí, pero ahora me lo tomo más pausado. Mi vida la he enfocado a ayudar a otras mujeres que lo necesitan. Eso me ha ayudado a salir adelante. Sólo con poder haber ayudado a una me ha merecido la pena todo lo que he vivido. Yo cuando salí de allí no me lo creía, tenía pesadillas incluso. Mi hija tiene 21 años y lo ha vivido desde que tenía tres años. Ella ha estado en terapia hasta hace poco. Ha pasado toda su infancia y adolescencia muy mal. Ahora se empieza a recuperar. Yo desarrollé una paciencia increíble. Cuando veo los problemas de mis amigas me pregunto “¿eso de verdad os preocupa?”. Cada mujer tiene una historia diferente, pero casi todas son muy parecidas.