miércoles, 17 de abril de 2013

La crisis, hacia la teoría X



En la primera mitad del siglo XX, el psicólogo industrial Douglas McGregor enunció dos teorías sobre el comportamiento humano en la empresa. Por un lado, la Teoría X parte de la base de que el ser humano tiende a una evasión del trabajo. En el lado opuesto, y bautizada como Teoría Y, se muestra aquella explicación que sugiere que el hombre identifica el trabajo como algo natural y el ser humano tenderá por tanto a  la superación personal.

Ambas teorías representan puntos extremos en el comportamiento humano, pues ningún empleado tenderá en la totalidad hacia una u otra. La mejor vara de medir para el empresario debe ser aquella que mejor se amolde a cada empleado, de forma que incentive su propio afán de superación individual. 

Con esta explicación nos situamos más allá del umbral que cruza el tercer milenio. La crisis económica, que arrancó en 2008, afecta en gran medida a la situación del trabajador y las clases medias. El paro o la supresión de incentivos por parte del empresario o el gerente de la empresa han afectado duramente a la clase trabajadora.

Parece que algunos empresarios en los momentos más duros se basan en el aspecto negativo que resalta la Teoría X sobre el trabajador. Se tiende a utilizar la crisis como excusa para reducir los incentivos al empleado y se rompe, en muchos casos, ese equilibrio entre los dos puntos extremos que propone McGregor. Sin embargo, ese ejercer el control sobre el empleado a toda costa, no está bien visto por los economistas, que piensan, en muchos casos, que se merma la capacidad emprendedora e incentivadora del trabajador.  

También la visión de las empresas públicas y las empresas privadas guardan cierta disparidad. El último trimestre de 2012 cerraba filas con un absentismo laboral mayor en la empresa privada que en la empresa pública. Es la primera vez en España desde que el INE elabora el registro que la empresa privada supera a la pública en absentismo. Esto hace plantearnos la forma en que las empresas cambian su mano de medir al empleado. En el caso del sector público, la pregunta sería si las condiciones económicas adversas perjudican o merman los incentivos al trabajador ó si en los momentos mejores reciben un exceso de incentivos sobre el control que se debe ejercer sobre el empleado. 

Tanto la teoría X y la teoría Y representan puntos extremos en cuanto a la forma de considerar al empleado. En mi opinión, bajo el equilibrio de ambas está el progreso de una empresa. Ni la crisis económica, ni las situaciones adversas deben ser una excusa para reducir los incentivos empresariales; pues está en ellos el progreso y el éxito empresarial, que será la obtención del máximo beneficio de forma lícita. 

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